Nuestro cuerpo es un volumen ue ocupa un espacio en el espacio.
Toda esta compresión vital hace que no podamos orientarnos creativamente a la solución de problemas y de situaciones estresantes, que muchas veces percibimos como un callejón sin salida.
Para ver salidas, necesitamos pasar de un espacio angosto a un espacio ancho, es decir, recuperar un poco de expansión, de aire. Respirar profundamente.
A través de un trabajo corporal consciente y sensible podemos aprender a pasar de un estado de ansiedad a un estado más calmado y así recuperar la sensación de espacio interno.
Desde el espacio de conexión con nuestro propio ser, se amplía la visión y es posible reconocer los recursos que tenemos disponibles para actuar de una manera más asertiva. Es como recuperar la capacidad de bailar creativamente las situaciones desafiantes que se nos presentan a diario.
Lo primero que es necesario hacer para conectar con nuestros recursos creadores es tener la posiblidad de observar. Y para observar se requiere atender.
La elección consciente de hacia dónde orientamos nuestra atención es una práctica que podemos hacer por cortos periodos de 2 o 3 minutos varias veces al día, sin necesariamente dejar de hacer lo que estamos haciendo.
Practiquemos un poco: te invito a notar la parte posterior de tu cabeza mientras lees esto. ¿Algo cambia en tu expereinca lectora? ¿Cómo describirias la sensación?
Así, durante el día puedes elegir llevar tu atención a un aspecto de tu cuerpo o del espacio que lo envuelve.
Practicar en los pequeños gestos cotidianos una atención consciente puede ser el camino a reconocernos, sentirnos y así elegir lo que se siente mejor en cada momento, de este modo podemos ensanchar nuestro espacio vital.
¡Gracias por leer!
Maruma Rodríguez




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